El pasado año, en el verano, la CBS emitió una serie que se podría calificar de friki, pero me da que los creadores de The Good Wife querían hacer una advertencia desde la perspectivabraindead_tv_series-238671012-large de la ciencia ficción gamberra, de lo que se les venía encima el 20 de enero de 2017.

En efecto, Braindead es un aviso de cómo la pospolítica se apoya en la posverdad, exagerando conceptos y acercando a oxímoron imposibles de los dos lados del “pasillo” en el mismo bando. El cóctel a priori parece una broma, pero sin alejarse de los clichés de la Serie B de los 50, reinventan el género político, mezclando House of Cards, Veep y La Invasión de los Ladrones de Cuerpos en un festín reivindicativo de hacia dónde estaba [¿estaba?] derivando la política yankee.

El leit motiv subyacente es la carrera presidencial del partido republicano, con un outsider como Trump al que los medios dan alas, porque creen imposible que tal parodia de personaje pudiera incluso lograr la nominación. El resto de la Historia ya la conocéis…

La cuestión es que Braindead utiliza el subterfugio de la invasión extraterrestre como sosias de la “infección”, como intoxicación, del pensamiento colectivo estadounidense; braindead-logoaltamente polarizado, infoxicado e hipermediatizado. El efecto “fox populi”, ya no es solo de la sociedad en general, la Fox News, junto al ominoso Steve Bannon conducen a EEUU a un choque interno, que indudablemente conducirá a choques con los otrora aliados.

Si los guionistas de la serie querían hacer sentir cómo la (hiper)incertidumbre de la política puede ser exacerbada por agentes “externos”, esos “agentes” fuera del círculo de influencia de Washington DC, no sólo controlan el Capitolio, sino que son los amos de las oficinas sitas en el 1600 de Pennsylvania Avenue.

Si creías que has visto (o vas a ver, no sé a qué estás esperando) una serie de ciencia ficción; olvídalo, era la introducción del primer acto de una ¿tragicomedia? que afecta a todo el orbe. ¿O?… ¿Es un docudrama?

Esta será la piedra filosofal de las próximas décadas. Dejar atrás nuestra humanidad para trascender a esta, avanzar mediante la tecnología y la genómica y superarla. Será un proceso lento, pero paulatino y lo peor, hará que emerja una nueva clase social: la de los transhumanismtranshumamos. ¿O será un salto evolutivo, con todas sus implicaciones?

Esto nos sitúa ante un debate ético, sin precedentes en nuestra historia, que transformará definitivamente nuestras sociedades. Mientras que el Movimiento Transhumanista se edifica sobre los valores de la Ilustración y el Humanismo, me temo que las grandes corporaciones y fortunas del planeta, lo verán como una oportunidad para ser aún más poderosas. Controlar factores como la salud y la longevidad, por no hablar de hacer individuos más fuertes e inteligentes modificados por la genética y la tecnología, no creo que estarán al alcance de cualquiera, y se pueden convertir en un gran arma social, por no decir militar.

La cuestión es, si este nuevo salto civilizatorio, como está ocurriendo con las redes de comunicaciones y la energía, y la emergencia del Procomún, hará avanzar a la sociedad en su conjunto o provocará una brecha aún mayor.

A vuela pluma, me vienen dos distopías cinematográficas que exponen una visión nada utópica del transhumanismo: In Time y Elysium. Así como una infinitud de series y películas que abordan esta cuestión desde varios aspectos.

Pero la tecnología está aquí ya: nanobótica médica, órganos de bioimpresión, la posibilidad de implantes tecnológicos para potenciar algunas de nuestras facultades, o la quimera de descargar nuestra mente en un dispositivo para ser volcado en la red o en “otro recipiente biológico” son solo cuestiones a las que tendremos que hacer frente en los próximos lustros.

¿Está la sociedad preparada?

¿Lo estás TÚ?

He sucumbido y la he visto. Eran muchos los aditamentos para obviarla, para alguien que pasó de adolescente a la edad adulta en los 80 del pasado siglo. Mi memorabilia está indisolublemente asociada a esa década y por ende mi iniciación en el desarrollo de mis patrones socioculturales, porStranger things lo que es una serie que irremediablemente atraerá a esa cohorte generacional que se llamó Generación X.

Dicho esto, he de decir que me ha gustado, pero está lejos de ser una gran serie. De hecho, es un inteligente refrito de la cultura pop y audiovisual de aquella década. No pienso hacer ningún spoiler, no es necesario, en su previsibilidad de esta mini temporada de 8 episodios de Netflix, está claro que habrá segunda. La forma de terminar tan abierta de la primera, así lo atestigua. Eso sí, dejando cerrada la línea argumental de la misma.

La serie creada por los Duffer Brothers (Matt & Ross) es un inteligente pastiche, un collage de lugares comunes del cine y la ciencia ficción de los 80; eso sí, con una factura visual acreedora de Expediente X (ya en los 90) y un guión que podría haber firmado el mismísimo Steven Spielberg, pero repasado por Roberto Orci (el toque Fringe está en todas partes).

Lo mejor de la serie es el reparto, y ese descubrimiento llamada Millie Bobby Brown que interpreta a “Once”, la adolescente con poderes telequinéticos y la resurrección interpretativa de Winona Ryder (¿o es que estaba autointerpretándose?). Es una serie donde las mujeres tienen el papel dominante y en las que tienen que demostrar su fuerza y valentía una vez tras otra (algo muy característico de los primeros films de Spielberg). Por lo demás, varios espacios comunes que has visto una y otra vez, varias veces, pero eso sí de películas y series de culto, que adoras.

Así que prepárate para revisitar conceptualmente a E.T. El Extraterrestre, Cuenta Conmigo, Poltergeist, Los Goonies (a esta le debe todo el hilo argumental de la aventura de los amigos de Once) y Super 8, así como a la música de la década, especialmente central es el himno de The ClashShould I Stay or should I Go“, y cierto déjà vu de las películas de John Carpenter, especialmente el tema de la banda sonora de la serie, que podría haber firmado él mismo.

Os propongo que en vez de que siga contando todos los… ¿homenajes? que encontramos, seas tú quienes los descubras y los compartas por aquí, será más divertido y podemos hacer una cadena que sin duda será aún más friki que la propia serie.

No obstante son sólo 7 horas de visionado y merece la pena, porque distraída es, otra cosa es que su originalidad deje mucho que desear porque es el mejor trabajo de patchwork que he visto en una serie en años, y a pesar de ello, funciona. O quizá es que ya soy demasiado viejo.

Espero vuestros comentarios y diatribas…

He dejado pasar unos días tras su visionado en el estreno del viernes 19 de agosto. Bueno, estreno es un decir, porque ha llegado casi un mes tarde a España, y con esto de la globalización digitalspock_byks abstraerse de no intentar saber nada sobre la película, es prácticamente imposible. Cada vez entiendo menos el maltrato permanente de Paramount España para con cualquier cuestión relativa al universo trekkie. Y no hablo solo de los recientes estrenos cinematográficos, bajo la égida de J.J Abrams.

Al grano. Tenía bajas expectativas, lo reconozco, el trailer inicial de la película firmada por Justin Lin era decepcionante, más parecido a un capítulo de Fast and the Furious en un algún lugar remoto de la galaxia. Ahora queda suponer si fue todo una argucia de la producción para provocar viralidad en la red y que se hablara de la Saga estelar que dio origen a todo lo demás.

No obstante son tiempos difíciles para Star Trek, básicamente por dos motivos: a) los trekkies son masa en EEUU, Canadá, Reino Unido y Alemania, y fuera de ese entorno, poco más y, b) estrenar en época de la “otra” saga, con un estreno pendiente por cada año star_trek_discoverydel próximo lustro lo pone aún más difícil. Incluso con las expectativas de la nueva serie televisiva que Netflix estrenará a principios de 2017; Star Trek Discovery.

Con estas mimbres y tras el estreno de Star Trek 11, en el que Abrams hacía un reboot de la franquicia con gran acierto y tras la genial Star Trek en la Oscuridad, el salto al vacío se hacía complicado. Se nota la mano de Roberto Orci (trekkie declarado) en la gestión del film, quedando Lin como el encargado de dar acción al mismo. Pero a pesar de la elección del director, esta entrega está más pendiente de explicar las interacciones entre la tripulación muy en línea con las líneas argumentales de la serie original (TOS), algo muy acertado y que se agradece. Para indagar mejor en ellas utiliza Simon Pegg y el resto del equipo uno de los mitos de la saga: qué ocurrió con el USS Franklin, protagonista esencial de esta entrega, y de quienes formaban su tripulación. Al igual que el reto del Kobayashi Maru hace que se encuentren en la primera entrega de Abrams, Kirk y Spok; o la estelar actuación del malo por excelencia de la saga (con el permiso de Borgs y Q), Khan, en la siguiente película.

Dicho esto, y sin hacer spoiler alguno, sobra quizá lo de la misión de 5 años, el leit motiv de la serie original para contar esta historia. Echo mucho en falta la entrada en liza de los klingons, tras el STAR TREK BEYONDbreve encuentro en Kronos de la película anterior, o la aparición de los andorianos o los romulanos; pero sobre todo de los habitantes del Imperio que supone una amenaza constante a la Federación en los tiempos de la fecha estelar en la que se produce este encuentro.

Por lo tanto, podemos hablar de una historia independiente del nuevo curso de los acontecimientos que vimos en el final de Star Trek en la Oscuridad, con una factura visual ágil y con un comienzo que augura graves problemas. La afición de la factoría de Abrams por destruir la NCC-1701 comienza a ser preocupante (incluyendo el ¿homenaje? a la escena del platillo del Enterprise de la primera incursión cinematográfica de La Nueva Generación (TNG) en Star Trek Generaciones). Seguro que no se le ocurre hacer lo mismo con cierto “halcón”…

Pero volviendo a la película en sí, es entretenida, muy visual y con muchos homenajes y autorreferencias que la hacen divertida a los ojos de los trekkies y divertida, también, para quienes desconocen la mitología de la saga. La película funciona, pero para alguien como quien escribe estas líneas tengo la sensación de que le falta algo, quizá porque la propia estructura de producción (con una gran presencia de inversores chinos) no sabe hacia dónde tornará la saga. Quizá la búsqueda de nuevos fans en China sea una de las claves, tanto por los productores como por el director taiwanés, para crecer en un mercado totalmente virgen para la misma.

En fin, espero que esto haya sido un ensayo para retomar el tono inicial, una vez caracterizados los personajes y bien definidos sus roles, con la desaparición ya del Embajador Spok y de la triste y reciente pérdida de Anton Yeltchin que encarnaba a Pavel Chejov. La saga trekkie tiene las mimbres para aguantar unas cuantas producciones más; si bien habrá que ver si la nueva serie toca la fibra de los seriéfilos más jóvenes y que la mecha de Star Trek prenda en China, porque en Europa, salvo el caso británico y alemán no termina de levantar vuelo, el Lado Oscuro es demasiado fuerte de dominar para los cadetes egresados de la Academia Estelar.

En resumen, dos horas de acción espacial de algo más parecido a una space opera, que fue el reboot de Abrams, pero echando de menos el lado más oscuro y dramático que se imprimió a la anterior entrega. Y mientras tanto seguiremos esperando para ver a los klingons en acción.

Long Life & Prosper, and… Enjoy!, sorry, Engage!

Sí, pero en una primera fase, no será como te imaginas. A pesar de los cambios en la Medicina y la capacidad de la biotecnología y la nanorobótica para ir más allá de nuestra imaginación, el futuro es más impresionante de lo que piensas. La creación de nuevoscerebro-770x584 órganos utilizando la ingeniería de tejidos mediante técnicas de bioimpresión 3D para sustituir a los viejos; la ingesta de cócteles de proteínas y enzimas diseñadas para potenciar los mecanismos de reparación celular y reducir la oxidación; el uso de terapias génicas para modificar genes que retrasen o paralicen los procesos de envejecimiento o la utilización de nanosensores y nanobots para curar cánceres o infartos o problemas hepáticos están en proceso de investigación. Y verán la luz en las futuras décadas.

Pero lo más inquietante o excitante, según cómo lo veas o estimes, será la revolución cyborg y la trascendencia digital de nuestro intelecto (lo del alma, estará por ver y creará todo un nuevo campo de la ética y la religión).

La revolución Big Data es un hecho, cada vez somos capaces de almacenar más datos y de forma más económica. La posibilidad de que cada paciente tenga su mapa genético en su tarjeta de la Seguridad Social acabará siendo un hecho; y de ahí derivarán ventajas y grandes inconvenientes. Esta capacidad de almacenamiento de datos y la posibilidad de que la computación cuántica vea la luz en los próximos años, con los q-bits como elementos de procesamiento de la información digital hará posible, en teoría, almacenar nuestros recuerdos y ¿nuestra memoria como ente? en la Red. Osea, podremos “vaciarnos” como un ente digital tras nuestra muerte celular, para sobrevivir en la red. A la espera de poder “rellenar” un ente sintético que, o nos reproduzca tal como éramos o nos facilite una nueva “cápsula” en la que interactuar.

¿Lo dudas?, si eres joven, querido lector o lectora: ¡Lo VERÁS!